Barranquilla y el Centenario de la Aviación en Colombia

Cien Años de Aviación en Colombia:
Barranquilla 12-12-12

Desde el avión se contemplan las dos grandes masas de agua que han definido nuestra historia: del lado derecho el rio Magdalena y del lado izquierdo el Mar Caribe. Al fondo los majestuosos picos Simón Bolívar y Cristóbal Colón, apuntando el camino para evitar que perdamos el rumbo. Llegamos el día 12 a Barranquilla; la ciudad nos espera con su olor a brisa marina y sol majestuoso, junto a Omar Hazbon que viene desde Medellín nos dirigimos del Aeropuerto Cortissoz al Hotel Barranquilla, para encontrarnos con Miryam Vides de Oeding y Mauricio Umaña miembros del Grupo de Investigación de la Scadta. Tras presentarnos, tomamos asiento en los abollonados muebles blancos del Hall, a la espera que descienda de su habitación el pintor, escultor y muralista Knox Martin, hijo del pionero de la aviación William Knox Martin. La rutina queda atrás, empezábamos a asomarnos a la historia que habla de la ciudad, que hace real el sueño de volar, para vernos a nosotros mismos como país desde lo más alto, algo que ansiábamos desde la expedición botánica de Mutis y la expedición Corográfica de Codazzi.
El saludo fraterno con el hijo y la nieta del pionero, la bella Olivia. Él de carácter suave y un español musical, sus grandes brazos tatuados de motivos de mar y amor. El día anterior había cumplido un programa muy completo: tertulia en el diario el Heraldo; los trámites de su ciudadanía colombiana y una ceremonia en Puerto Colombia. Todo escoltado por Mauricio muy pendiente de todos los detalles de logística para que la programación, que cambiaba a todo momento como las olas del mar, saliera impecable. Nos acompañaron también en el hall del hotel, el capitán Enrique Ortega y Dionel Benítez, autores del libro: Sueños de Nubes: Los Caballeros del Aire; una visión novelada de la saga de William Knox Martin en Colombia.

En la tarde nos esperaba la ceremonia en el Aeropuerto Cortizzos, bajo una gran carpa al lado del terminal nacional. Llegamos allí tras el almuerzo y luego de cambiarnos de indumentaria para la ocasión. Pasamos los anillos de seguridad y tras recibir las credenciales, Mauricio, Miryam, Omar y yo nos vemos inmersos entre la dirigencia empresarial y gubernamental con sus mejores galas. Tomamos asientos frente a una pantalla de Alta Tecnología, escoltados desde atrás por una formación en media luna de aviones como el DC3, un Tucano, pasando por un T33 y un Beechcraft King Air. Omar y yo comentando ¿Qué tiene la mujer costeña para estar siempre bella?. Discursos y condecoraciones y un sonido de fondo: el rugir del viento al chocar contra el techo de plástico que nos protege del sol, recordándonos al Dios Eolo, protagonista de la vida marina y aérea.

Luego la música con la Banda de niños Cantores Vallenatos y una famosa Comparsa atlanticense, nos deleita con acordes de Carnaval. Degustamos un plato frio en el atardecer purpura y luego a los buses camino al parque lineal Simón Bolívar para asistir a la ceremonia donde se develaría el Monumento al Pionero de la Aviación William Knox Martin. Allí nos espera una alegría popular desbordante, 5, 10 ó 15 mil personas. La aviación esta en el imaginario de todos los barranquillero o Killero al cien por ciento, como les gusta llamarse y allí en medio del municipio de Soledad y su gente con su cordialidad a flor de piel, una compleja estructuras metálicas y dos pantallas gigantes a cada lado. Múltiples torres de sonido, el monumento cubierto y en lo alto ondeando, una majestuosa bandera de Barranquilla.

Inicia la ceremonia la Alcaldesa Elsa Noguera con un discurso sencillo y amable. Sus mejores palabras para la gente de los barrios humildes, para quienes fue construido el parque. Luego entrega de un trofeo a un variopinto grupo de descendientes de los pioneros de nuestra aviación, con sus apellidos alemanes, colombianos y sefarditas. Un grupo tan grande que no cabe en ninguna fotos. Todos recordando los grandes momentos que sus ancestros nos permitieron vivir. Una emoción burbujeante no exenta de una pizca de nostalgia para con esos apellidos con los que se ha escrito la historia de la aviación colombiana. Con la tarima central despejada y con sonidos de relámpagos e imágenes de cielo azul saliendo de las pantallas de video, con la atmosfera de una escena de combate aéreo propia del film “Los Ángeles del Infierno” de Howard Hugnes. Empieza a descender el telón negro que oculta el monumento y vislumbrando el perfil del Avión de William Knox Martin, como llegando de un viaje en el túnel del tiempo. La música de Carmina Burana crea un ambiente de majestuosidad y misterio. Finalmente el telón negro cae al suelo y los reflectores plenos de luminosidad disparan al avión.

Silencio en el auditorio, estalla entonces una lluvia de serpentinas y se inicia la música de Andrea Bochelli que recrea en todos los asistentes la alegría frenética del Carnaval. Al final la voz de la directora del Bicentenario de Barranquilla, Diana Acosta declarando oficialmente inaugurado el monumento del siglo de la Aviación en Colombia en el parque Simón Bolívar.La ceremonia concluye, pero algunos no podrán conciliar el sueño y parten en grupos de familiares y amigos al remate de faena en restaurantes y sitios de diversión. Nosotros partimos al hotel y desde la habitación en el séptimo piso del Howard Johnson, el día se despide con la majestuosa vista de Barranquilla, que duerme arrullada por el sonido del río encontrándose con las aguas del mar Caribe.El miércoles 13 se inicia con una llamada que nos invita a la inauguración de la Sala de la Aviación,con la muestra “Barranquilla un siglo de Historia de la Aviación” en el Aeropuerto Ernesto Cortissoz. Desayunamos de forma opulenta en el restaurante y nos recoge en el hotel un personaje de aquellos que solo se encuentra en el Mundo de la Aviación: el Capitán Willy Series, hijo del piloto Alemán Francisco Series, miembro de un clan que suma 126 años al servicio de la aviación a lo largo de tres generaciones. Su poderosa camioneta Nissan Patrol con todos los performances para lanzarse a un Rally Paris Dakkar, nos lleva raudos al Aeropuerto Cortissoz, el trayecto es prolijo en historias de la aviación. Su padre fue jefe operativo de Avianca quien trabajo en la construcción de aeropuertos a todo lo largo de los llanos Orientales.Este día nos conducirá por dos grandes sueños: El primero, el Museo del Aire en Veranillo, lugar donde se inicio en Colombia la empresa aérea más poderosa en historia a este lado del Atlántico y el Segundo: el Salón de los Cien Años de la aviación del cual ha sido su gestor, pasándose catorce años recolectando piezas museográficas.En la Sala de la Aviación nos espera Diana junto al historiador del aire Gustavo Arias de Greiff. El iluminado salón abierto gracias a los buenos oficios del gerente del Terminal Aéreo, Raúl Donado y luego una sesión de fotografía y video, sentimos eso que llaman “radiactividad mediática”, nos dedicamos entonces a contemplar las fotos y los objetos que recrean la historia de la aviación. Una gran labor arqueológica de Willy, y del Grupo de Investigación de la Scadta, allí esta el embrión de algo cuyo panorama completaremos en la tarde cuando nos encontremos nuevamente en la Base Naval para visitar la torre y hangares de Scadta en Veranillo. El mismo sitio a donde llegaron los vapores en 1920, bajo la supervisión del Ingeniero Guillermo Schnurbusch, a descargar pesadas cajas de madera en cuyo interior venia empaquetado un embrujo que todavía tiene el poder de hacernos confluir a la Barranquilla estos días.

Es tarde de graduación de un curso de suboficiales en la base naval de Veranillo, entramos directo a un gran espacio que sirve parqueadero, donde había una dársena del río de comienzos de siglo, donde despegaban los hidroaviones Junkers F13, para seguir la rutas de los vapores por el río Magdalena, como lo cuenta Herbert Boy en su libro: ‘Una Historia con Alas’. El Capitán nos lleva allí a un vuelo por la historia, de como llegaban los hidroaviones y aceleraban sus motores, en un último bramido para acercarse a la orilla del edificio a dejar pasajeros y carga, incluyendo el valioso correo. Del compromiso de la Armada para la creación del Museo y de los costos de este sueño. En sus ojos brilla la confianza acrisolada de los hombres del aire, que a donde llegan ningún sueño resulta imposible.

Cuando afirma:
“… nosotros fuimos pioneros de la aviación en América. Existió una primera compañía, la CCNA (Compañía Colombiana de Navegación Aérea) fundada en Medellín, pero tuvo una vida muy efímera. Por esos mismos días de 1919, nació Scadta y ahora la compañía tiene 93 —bajo el nombre de Avianca—. Lo que se discute del primer vuelo de un aeroplano en Colombia, no se puede discutir porque fue así: ese primer vuelo se origino en Santa Marta el 9 de diciembre de 1912, por el aviador George Schmitt, en un avión Baldwin Red Devil, después vino a Barranquilla donde realizó otro vuelo y de aquí fue a Medellín. Pero podemos afirmar, que la aviación en Colombia se inició en Barranquilla y más exactamente en el Hidropuerto de Veranillo, Cuna de la Aviación Comercial Colombiana. Fueron grandes momentos históricos, de una conquista de los cielos de Colombia y de los de las Américas.”

Leonardo Agudelo
Historiador Unalmed, diciembre 2012

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