Whitehead y el embrujo de volar en 1901

Gustave Whitehead No. 21 "Condor"

Gustave Whitehead (Gustav Weißkopf) y su nave voladora No. 21 fueron noticia en revistas y periódicos de 1901, una época en la que volar era arte de brujos y hechiceros. La historia del “Bridgeport Herald” de Connecticut de Agosto 18 de 1901, fue posterior a la publicada en el diario “The Sun” en Junio 9 de 1901, en la que se hace referencia a varios ensayos de la máquina voladora, pero sin tripulante a bordo y la aparecida en la revista “Scientific American” de Junio 8 de 1901, donde se publican dos fotografías del pájaro volador de Whitehead No. 21, describiendo sus características y las intensiones de realizar sus pruebas de vuelo.
En el reportaje del domingo 18 de Agosto de 1901, aunque no se indica la fecha en que se realizó el vuelo, se da a entender que fue al salir los primeros rayos del sol del miércoles 14 de Agosto de 1901. Whitehead se encontraba en compañía de Andrew Cellie, Jame Dickie y un representante del Herald cuando comenzaron los preparativos del vuelo, la noche del martes.

“Bridgeport Herald, Agosto 18 de 1901”

VOLANDO

 

“El éxito que ha acompañado los experimentos del joven brasileño M. Santos-Dumont en el globo científico en Francia ha sido el responsable de un marcado ímpetu en este país en el fascinante y atrevido deporte del vuelo. La probabilidad es, sin embargo, que la solución final de navegar con éxito el aire por dos inventores estadounidenses combinando sus cerebros y energías hacia el perfeccionamiento de una máquina voladora que hará lo que decenas de hombres han estado trabajando para lograrlo durante muchos años.

Gustave Whitehead de Bridgeport y W. D. Custead de Waco, Texas, han cooperado y ahora están trabajando en una máquina voladora que se espera que revolucione el mundo de la aeronáutica. Acompañando este artículo están las imágenes de las máquinas voladoras de Custead y Whitehead. El Sr. Whitehead está empleado en Wilmot & Hobbs trabajando como vigilante nocturno, y durante aproximadamente la mitad del tiempo que destina la mayoría de los hombres a dormir él está trabajando en su máquina voladora. Hace algunas semanas, el señor Whitehead sacó su máquina más allá de Fairfield en un gran campo y lo probó.

No había duda de que era capaz de volar en ese momento, el inventor tuvo ganas de levantarse para un ensayo.

El martes por la noche, sin embargo de la semana pasada, Whitehead, Andrew Cellie y James Dickie, sus dos socios en la máquina voladora y un representante del Herald abandonaron el pequeño cobertizo en la calle Pine donde se guarda la máquina y la llevaron a un lugar adecuado más allá de Fairfield donde su inventor había planeado tomar su primer vuelo.

Así que comenzaron a hacerlo poco después de la medianoche para no atraer la atención. Las alas y los propulsores se doblaron firmemente a los lados del cuerpo del barco aéreo. Los dos motores fueron cuidadosamente probados antes de comenzar y ahora el generador de acetileno fue revisado una última vez por el Sr. Whitehead para ver que estaba en perfecto orden. Sólo había espacio para dos personas en la máquina, Whitehead y Cellie ocupando los asientos, mientras que James Dickie y el representante del Herald los seguían en bicicletas.

La máquina rueda a lo largo del terreno sobre pequeñas ruedas de madera, de sólo un pie de diámetro, y por ser tan pequeñas, las obstrucciones de la carretera la hacían oscilar de lado a lado de manera alarmante en momentos en que la velocidad era rápida. Después de llegar al asilo Protestante de Huérfanos en la esquina de la avenida Fairfield y la calle Ellsworth hay un claro tramo de carretera de gravilla el que el automóvil volador fue enviado girando a lo largo de la carretera a razón de veinte millas por hora. Por cortas distancias a partir de entonces, la velocidad era cercana a treinta millas, pero como la carretera no era recta o nivelada para ninguna distancia este promedio de la velocidad no podría ser mantenido. No hay duda de que la máquina, incluso con sus actuales ruedas de madera común, de sólo un pie de diámetro, puede carretear a cuarenta millas por hora y no aplicar al motor su máxima capacidad.

La localización seleccionada para volar la máquina era detrás de Fairfield a lo largo de la carretera donde hay un campo grande y pocos árboles que evitar durante el vuelo de la nave aérea.

Eran alrededor de las 2 de la mañana del miércoles cuando las grandes alas blancas de la nave aérea se extendían listas para saltar por el aire. El señor Whitehead estaba excitado y entusiasmado y sus dos socios estaba casi igual. La luz no era muy fuerte y todo parecía un fantasma. Whitehead habló en susurros, aunque la razón para ello no era aparente. Pero probablemente el mismo tiempo seleccionado para probar la máquina era el responsable de ello. El representante del Herald ayudó cuando se le dio la oportunidad, pero un extraño acerca de una máquina voladora está lamentablemente fuera de lugar y absolutamente en el camino cuando llega la hora de volar la nave. Las cuerdas fueron atadas a la nave para que ella no se saliera de su control. En el cuerpo de la máquina había dos bolsas de arena, cada una pesando alrededor de 110 libras, para el lastre. El señor Whitehead puso en marcha el motor que impulsa la máquina a lo largo del terreno sobre las cuatro ruedas de madera, mientras que sus dos asistentes se aferraban a las cuerdas de seguridad. El periodista se mantenía alejado de la máquina, en parte para observar mejor las operaciones y en parte para no enredarse en las cuerdas y alas del gigantesco murciélago blanco. Poco a poco la máquina empezó a correr por el suelo, pero a unos cien metros los hombres que tenían las cuerdas y el inventor Whitehead corrían tan rápido como sus piernas podían hacerlo. Entonces Whitehead abrió el acelerador que arranca los propulsores de aire o las alas y apagó el propulsor de tierra. Casi al instante la proa de la máquina se levantó y ella se elevó en un ángulo de unos seis grados. Las grandes alas blancas funcionaban maravillosamente. Ella lucía para todo el mundo como un gran ganso blanco que se alzaba del lugar de alimentación temprano al amanecer. Los dos hombres con las cuerdas estaban cayendo sobre los montículos en el campo porque aún no estaba lo suficientemente claro para evitar tales obstáculos con facilidad, y Whitehead agitó sus manos con entusiasmo y emoción mientras veía su invención levantarse en el aire. Había ajustado el marcador para que la potencia se apagara automáticamente cuando había hecho una revolución, a fin de que la máquina no siguiera volando y se chocara contra los árboles en el otro extremo del campo. Cuando la potencia se apagó, la nave aérea se asentó ligeramente en el suelo como un pájaro y no una costura se rompió o se dobló una vara.

La nave aérea fue llevada de regreso al punto de partida. Y ahora la verdadera prueba debía realizarse. Whitehead había decidido volar en la máquina. Se había comportado tan bien que sentía que ya no habría ningún problema sobre su vuelo en el lugar de las 220 libras de arena que se utilizó para el lastre en el primer viaje.

Los motores fueron probados cuidadosamente de nuevo y cada unión y varilla en la estructura fue cuidadosamente revisada y cuidadosamente inspeccionada. Las bolsas de arena fueron sacadas de la máquina.

Para ese momento la luz era buena. Ligeros rayos del sol naciente comenzaban a sugerirse en el este. Un madrugador lechero se detuvo en el camino para ver qué pasaba. Su caballo casi se escapó cuando las grandes alas blancas se batieron para ver si estaban bien.

La tensión nerviosa estaba creciendo a cada pulso del reloj y nadie lo mostraba tanto como Whitehead que todavía susurraba a veces, pero a medida que la luz se hacía más fuerte comenzó a hablar enn su tono normal de voz. Estacionó a sus dos asistentes detrás de la máquina con instrucciones de sujetarse a las cuerdas y no dejar que la máquina se escapara. Entonces tomó su posición en el gran pájaro. Abrió el acelerador del propulsor en el terreno y se lanzó a lo largo del verde cesped a un ritmo acelerado.

-¡Voy a iniciar las alas! él gritó. “Sosténgala ahora.” Los dos asistentes se sostuvieron lo mejor que pudieron, pero la nave se disparó en el aire casi como una cometa. Fue un momento emocionante.

“¡No podemos sostenerla!” -gritó uno de los hombres de la cuerda.

“Vámonos!” Gritó Whitehead de nuevo. Lo soltaron y, al hacerlo, la máquina se lanzó por el aire como un pájaro al ser liberado de una jaula. Whitehead estaba muy emocionado y sus manos volaban de una parte de la máquina a otra. El hombre del periódico y los dos asistentes se quedaron inmóviles durante un momento observando la nave aérea con asombro. Luego se apresuraron a bajar la pendiente detrás de la nave aérea. Estaba volando ahora a unos cincuenta pies sobre el suelo y hacía un ruido muy parecido a “chug, chug, chug,” de un elevador bajando al pozo.

Whitehead se había calmado ahora y parecía estar disfrutando de la alegría de la novedad. Se dirigía directamente hacia un grupo de retoños de castañas que crecían en una alta colina. Ahora estaba a unos cuarenta pies de altura y habría estado lo suficientemente alto como para sobrepasar los retoños si no hubieran estado en un alto cerro. Vio el peligro por delante y estando a doscientos metros de los retoños hacía varios intentos de manipular la maquinaria para que pudiera guiarse, pero la nave se mantuvo firme en su rumbo y se dirigió hacia los árboles. Golpearlos significaba arruinar la nave aérea y la muerte muy probable o huesos rotos para el atrevido aeronauta.

Aquí estaba Whitehead mostrando cómo utilizar un principio de sentido común que él había notado las aves hacían uso millares de veces cuando él había estado estudiandolas en su vuelo por detalles para hacer de su nave aérea un éxito. Simplemente cambió su peso más hacia un lado que hacia el otro. Esto desplazó la nave a un lado. Ella apartó su nariz del grupo de retoños a menos de cincuenta yardas de ellos y siguió su curso a su alrededor con la gracia que un yate en el mar evita un obstáculo. La capacidad de controlar la nave aérea de esta manera parecía dar confianza a Whitehead, porque se le vio tomar su tiempo para observar el paisaje en torno a él. Miró hacia atrás y agitó la mano exclamando: “Ya lo tengo por fin!”

Ahora se había elevado por el aire durante casi media milla y cuando el campo terminó a corta distancia, el aeronaut apagó la potencia y se preparó para encenderla. Parecía estar un poco temeroso de que la máquina se inclinara hacia adelante o inclinarse atrás cuando se apagara la potencia, pero no había señales de tal movimiento por parte del gran pájaro. Se estableció a una altura de unos cincuenta pies por dos minutos después de que los propulsores se detuvieran. Y se posa en el suelo en sus cuatro ruedas de madera tan ligeramente que Whitehead no fue sacudido en lo más mínimo.

¡Cómo el rostro de los inventores resplandece de alegría! Sus compañeros le extienden sus brazos al rededor del cuello y le dan palmadas en la espalda y pidiéndole que describiera sus impresiones mientras volaba:

“Te dije que sería un éxito,” fue todo lo que pudo decir durante algún tiempo. Era como un hombre agotado después de pasar por una severa prueba. Y esto había sido una dura prueba para él. Durante meses, sí años que había estado esperando este momento, cuando podría colar como un pájaro por el aire por los medio que él había estudiado con su propio cerebro. Estaba exhausto y se sentó en la hierba verde junto a la cerca y miró a lo lejos hacia donde los primeros rayos de luz del sol se disparaban por encima de la niebla gris que se escondía en el seno de Long Island Sound.

Dioses, qué cuadro para un pintor de “Esperanzas Recordadas al Amanecer.” Y allí se sentó pensando en silencio. Sus dos fieles socios y el reportero del Herald respetaron su estado de ánimo y le permitieron decir las primeras palabras.

“Es una sensación divertida volar.”

Durante media hora, el hombre que había demostrado tener una máquina que puede navegar por el aire, habló de su experiencia de sus diez minutos en la nave aérea. Estaba entusiasmado, hablaba casi como un niño que ha visto por primera vez algo nuevo, jadeando sin aliento en su esfuerzo por decírselo a su madre.

Así describió Whitehead sus sensaciones desde el momento en que el barco aéreo abandonó el suelo hasta aterrizar de nuevo:

“Nunca sentí una sensación tan extraña como cuando la máquina dejó el suelo por primera vez y comenzó su vuelo. No oí nada más que el ruido del motor y el aleteo de las grandes alas. No creo haber visto nada durante los dos primeros minutos del vuelo, pues estaba tan emocionado con las sensaciones que experimenté. Cuando la nave había alcanzado una altura de unos cuarenta o cincuenta pies, empecé a preguntarme cuánto más alto iba a ir. Pero justo en ese momento me di cuenta de que estaba navegando con facilidad y sin subir más alto. Me sentí mejor, porque aún tenía mi dudas de lo que me esperaba más adelante y comencé entonces a sentir que estaba a salvo y todo lo que necesitaba hacer para no caer era mantener la calma y no cometer errores con la maquinaria. Nunca sentí tal espíritu de libertad como lo hice durante los diez minutos que estaba subiendo por encima de mis semejantes en una cosa que mi propio cerebro había desarrollado. Fue una experiencia agradable. Me hizo sentir que estaba muy por encima de mis hermanos porque podía volar como un pájaro, y ellos no tenían otra opción que caminar.

“Y mientras mi cerebro giraba con estas nuevas sensaciones de deleite vi delante un grupo de árboles a los que la máquina se dirigía directo. Yo sabía que debía de algún modo guiarme alrededor de esos árboles o elevarme por encima de ellos. Estaba a cien yardas de distancia de ellos y sabía que no podía despejarlos levantando más alto, y también que no tenía medios de dirigirlo alrededor de ellos utilizando la maquinaria Entonces, como un destello, un plan para escapar de los árboles me vino a la mente. Había observado a los pájaros cuando salían de un curso recto para evitar algo por delante Ellos cambiaron sus cuerpos de un plano horizontal a uno ligeramente diagonal a la horizontal. Para girar a la izquierda el pájaro bajaría su ala del lado izquierda de su cuerpo. La máquina debe obedecer el mismo principio y cuando llegaba de cerca de cincuenta yardas del grupo de árboles, cambié mi peso al lado izquierdo de la máquina. Se balanceó un poco y comenzó a girar de su recorrido recto. Y navegamos alrededor de los árboles tan fácil como navegar hacia adelante.

“Esto me dio más confianza y traté de dirigir la máquina a la derecha, cambiando mi peso a la derecha más allá del centro de equilibrio. La máquina respondió al más leve cambio de peso. Era más sensible.

“Había subido por el aire ahora durante media milla y no muy lejos el largo campo terminaba con un pedazo de bosque. Cuando, a cien yardas de los bosques, apagué la potencia y luego empecé a sentirme un poco nervioso de cómo la actuaría la máquina al asentarse en el suelo, pues muchas máquinas voladoras han mostrado una tendencia a caer ya sea en la parte delantera o el extremo trasero. Y tal caída significa huesos rotos para el operador. Mi máquina empezó a acomodarse uniformemente y me posé en el suelo con apenas una sacudida. Y no se rompió nada.

“Ese fue el momento más feliz de mi vida porque había demostrado que la máquina en la que he trabajado durante tantos años haría lo que yo reclamaba por ella, era una gran sensación estar volando por el aire. No hay nada como eso.”

Pero mientras que el señor Whitehead ha demostrado que su máquina puede volar no pretende que se pueda volver un éxito comercial. Por otra parte, el inventor Custead afirma que su aeronave puede ser un éxito comercial, ya que se diferencia de la de Whiteheads en que se eleva desde el suelo verticalmente, mientras que la máquina Whiteheads debe tener un arranque en marcha como un ganso antes de salir del terreno para el vuelo. Custead afirma tener la forma más factible de dirigible, pero le falta un generador que sea lo suficientemente liviano y haga el trabajo necesario para impulsar el dirigible. Whiteheads sin embargo tiene el generador y con la combinación de la aeronave de Custead y el generador de Whiteheads, se cree que los inventores serán capaces de perfeccionar una máquina, que se acercará al punto de éxito que cualquier otra máquina hasta ahora hecha.

Este nuevo generador de Whiteheads promete grandes cosas si las demandas del inventor se cumplen. La energía es desarrollada por una serie de explosiones rápidas del gas de carburo de calcio. En la actualidad las explosiones de chispa no son muy rápidas, pero Whitehead afirma que puede producir 150 explosiones al minuto si es necesario. El gas así generado es forzado a entrar en una cámara donde entra en contacto con una preparación química cuyos ingredientes sólo son conocidos por Whitehead. El contacto del gas con los químicos produce una enorme y uniforme presión en el pistón. Se dice que la dinamita no es nada comparado con este nuevo poder. Whitehead ha hecho que los químicos inspeccionen su preparación química y se maravillen de su poder. Los químicos llaman a la preparación química una “rara mezcla” pero ninguno de ellos niega que Whitehead haya descubierto algo valioso.

La única demostración del valor comercial del nuevo generador ha sido en su uso en la máquina voladora. No hay duda de que Whitehead utiliza este generador para impulsar la máquina voladora a lo largo del suelo sobre sus ruedas y también para la potencia del motor que hace que los propulsores giren al volar a través del aire.

El gran inconveniente es la obtener la fuerza motriz para impulsar una aeronave, ha sido el gran peso requerido por el generador y el motor. El Sr. Whitehead afirma que su motor disminuirá en un setenta y cinco por ciento el peso de cualquier motor actualmente en uso. La potencia motriz completa incluyendo el generador y el motor, pesará aproximadamente cinco libras por caballo de potencia. Para un generador de diez caballos de potencia, se requieren veinte libras de carburo para operar veinte horas. Así que el tiempo más largo que una máquina voladora ha sido capaz de volar ha sido treinta minutes.

La máquina voladora de Whitehead tiene dieciséis pies de largo y su aspecto general es el de un enorme murciélago. De cada lado del cuerpo están las alas hechas de varas de bambú y cubiertas con muselina. Estas alas tienen treinta y seis pies de extremo a extremo. También hay una cola en la popa de la máquina que está destinada a regular el acento y descenso de la nave. Hay dos motores, uno de diez caballos de fuerza para impulsar las ruedas de la máquina en el terreno y el otro, de veinte caballos de potencia, se utiliza para operar los propulsores en vuelo. El motor de diez caballos pesa veintidós libras y el motor de veinte caballos pesa treinta y cinco libras.

Whitehead y el Sr. Custead han formado una compañía con el propósito de construir una nave aérea. El Sr. Custead está respaldado por una compañía de un caballero sureño con capital ilimitado y creen firmemente en el éxito comercial del invento de Custead cuando se puede lograr la potencia adecuada para hacer funcionar la máquina.

El dirigible de Custead está en Waco, Texas, donde su inventor vivió originalmente. Él está ahora en Nueva York. El trabajo en el nuevo generador que Whitehead va a suministrar está progresando rápidamente. Whitehead ha solicitado patentes para protegerlo completamente y no espera ninguna dificultad en recibirlas, ya que su generador es diferente a cualquiera que haya sido patentado.

Es probable que los generadores serán fabricados en Bridgeport, donde todas las facilidades está a mano para la fabricación de tales artículos.

Biografía de Gustave Whitehead

Whitehead

Gustave Whitehead (1974-1927)

Gustav Albin Weißkopf nació en Leutershausen estado de Baviera, Alemania, el 1 de enero de 1874.

De origen humilde, comenzó su interés en el vuelo a los 13 años cuando experimentaba con un paracaídas de lino. Fue asistente en los experimentos de Otto Lilienthal hasta 1891, cuando Gustav viajó a Brasil para trabajar como marinero.
En 1895, se estableció en Estados Unidos con el fin de iniciar sus proyectos de máquinas voladoras y desde entonces se le conoció como Gustave Whitehead. En 1901, se trasladó definitivamente a Bridgeport (Connecticut) para trabajar como mecánico.

Aunque se inició con trabajos de Lilienthal, con el tiempo desarrolló diversos experimentos para lograr el vuelo de sus propios prototipos de aeronaves. Sin embargo, algunos de sus éxitos no llegaron a ser registrados. El 14 de agosto de 1901, realizó su primer vuelo con el Nº 21, aeronave construida con varas de bambú y tela de muselina, con dos propulsores a los lados. Construyó motores, algunos de ellos, de tipo aeronáutico.

Pero su triunfo le duró muy poco, pues no llegó a patentar el invento. Cuando el reconocimiento de los primeros vuelos recayó sobre los hermanos Orville y Wilbur Wright, los grandes impulsores de la aviación, intentó vanamentente demandarlos. Los hermanos Wright tuvieron en la época el decidido apoyo del Smithsonian Institution, depositario del primer avión de los hermanos Wright en haber volado y durante muchos años sólo se hablaría del vuelo de los hermanos Wright.

Whitehead falleció en la pobreza en Bridgeport el 10 de octubre de 1927.

Gustave Whitehead pionero de la aviación.

Gustave Whitehead y los problemas con sus patrocinadores.

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